Dos semanas después, Thor había terminado otra sesión de fisioterapia esa mañana. Aún sentía dolores ocasionales, pero su progreso era visible. Cada semana conquistaba un nuevo límite de su propio cuerpo. La consulta con el fisioterapeuta había sido breve pero eficaz. Le había sugerido nuevos ejercicios de resistencia y Thor, decidido, los asimiló con atención.
Celina lo esperaba fuera de la clínica, sentada en el asiento trasero del coche con gafas oscuras. Cuando Thor entró, ella lo recibió c