Era domingo por la noche cuando Arthur bajó de su coche. Respiró hondo mientras caminaba hacia el apartamento de Zoe. Llevaba consigo una caja cuidadosamente envuelta, un regalo especial que había elegido para la madre de ella. A pesar del ajetreo de los últimos días, sabía que necesitaba hacer aquella visita y mostrar respeto a la familia de Zoe.
Cuando Zoe abrió la puerta, su sonrisa iluminó el pasillo.
—¿Nervioso, doctor? —bromeó ella, cruzándose de brazos.
—No mucho, solo lo suficiente para