El día amaneció sereno. Thor conducía el coche con calma, mientras Celina observaba la ciudad por la ventana, el corazón latiéndole con entusiasmo por el encuentro que tendría con Emma. Cuando estacionaron frente a la ONG, Celina se volvió hacia Thor con una sonrisa.
—¿Quieres entrar conmigo? —preguntó Celina mientras se acercaban al edificio.
—No, mi amor —respondió Thor con una sonrisa suave—. Este es tu momento. Disfrútalo. Voy a recogerte al final de la tarde.
—¿Seguro? —lo miró con expecta