Después de que Thor saliera para la empresa aquella mañana, Celina se quedó unos minutos sola en la sala, inmersa en sus pensamientos. La sonrisa insistía en quedarse en su rostro y su corazón se sentía ligero, algo que no experimentaba desde hacía mucho tiempo. Se levantó, tomó el móvil y marcó el número de Zoe. Bastaron dos tonos para que la voz animada de su amiga surgiera al otro lado de la línea.
—¿Así que lograste que el poderoso jefecito me diera el día libre? —bromeó Zoe, con la voz car