Aquella mañana, el frío cubría la ciudad con una fina capa de escarcha. La mansión donde Thor y Celina residían ahora parecía aún más acogedora frente al contraste con el clima exterior. En el comedor, ambos estaban sentados desayunando juntos, un momento que valoraban cada vez más.
Thor dejó la taza de café en el platillo y soltó un suspiro leve antes de mirar a Celina con un semblante sereno pero decidido.
—Amor, estos días van a ser muy intensos para mí. Estoy organizando la transferencia de