El despertador sonó suavemente, pero Celina ya estaba despierta. Por primera vez en semanas, había dormido bien, sin sueños turbulentos ni náuseas intensas. Se sentía más ligera, como si la noche anterior hubiera aliviado parte del peso que llevaba sobre los hombros.
Se estiró, cogió el móvil y vio un nuevo mensaje de Gabriel en la pantalla.
«Buenos días, preciosa. Que tengas un viaje increíble. Y que vuelvas pronto para poder verte de nuevo».
Celina sonrió sola, sintiendo un agradable calo