Celina miró al techo durante unos segundos antes de responder. Parecía querer guardar cada detalle de aquella noche antes de compartirlo con el mundo, o en este caso, con Tatiana.
— Él me escuchó. Y más que eso... él me vio.
—¿Cómo es eso? —preguntó Tatiana, ahora más curiosa que antes.
—No me preguntó por César, por qué estaba triste o de dónde venía el dolor en mis ojos. Simplemente... estaba allí. Haciéndome olvidar. Haciéndome reír. Haciéndome sentir... —titubeó, como si la palabra se le