Después de que la enfermera salió, el silencio se instaló en la habitación. Celina miró la bandeja, intentó acomodarse mejor en la cama y tomó la cuchara con un leve temblor en las manos. Revolvió la sopa, observó las verduras flotando en el caldo claro y, tras llevar una sola cucharada a la boca, frunció el ceño. Soltó la cuchara en el platito de plástico con un suspiro, dejando caer los hombros.
—No puedo… —murmuró.
Thor observaba cada gesto de ella con atención. Se sentó en la punta de la ca