La psicóloga respondió:
—Todo miedo tiene una raíz, Celina. Y vamos a trabajar para entender esas raíces. Pero hoy ya diste un gran paso: hablaste. Mostraste tu dolor, tu verdad. Eso es más de lo que mucha gente consigue hacer.
Celina parpadeó rápido para contener las lágrimas.
—Ya no sé cómo abrirme. Cómo confiar. Pero… cuando él me abrazó hoy… sentí… —vaciló—. Sentí que todavía hay algo ahí. Pero no sé cómo empezar. Qué decir.
La psicóloga sonrió con dulzura.
—A veces, el primer paso es simpl