Angélica negó con la cabeza, conteniendo las lágrimas.
—No voy a soportar ver a mi hijo de esta forma otra vez, Sara… —dijo con la voz quebrada—. Esto… esto me está matando. Y lo peor es que yo también tengo culpa. Y ahora…
—Angélica… —la interrumpió doña Sara, con dulzura—. Él está perdido, sí. Pero no podemos perder la fe. Todavía es aquel niño que criaste con tanto amor. Solo está herido. Paciencia, hija… todo se acomoda.
—No lo sé… —respondió Angélica, mirando a Thor como si buscara restos