Tatiana acarició con ternura la barriga de Celina.
—Estos bebés ya empezaron la vida siendo amados por todos nosotros.
Algunos minutos después, el teléfono de Celina sonó. Era Gabriel.
—Estoy aquí en la recepción. Puedes bajar, Cel.
—Tati preguntó si quieres subir un rato —dijo Celina.
—No voy a subir, Celina, porque aún necesitamos ir al supermercado.
—Está bien. Ya bajo.
Con la maleta en mano, Celina bajó junto a Roberto y Tatiana. Al ver a Gabriel, sintió el pecho calentarse. Él sonreía, con