Celina se escondió en la suite, jadeante. El corazón le latía tan fuerte que temía que Thor pudiera escucharlo desde la planta baja.
Mientras tanto, Thor seguía golpeando la puerta.
—¡Celina! ¡Necesitamos hablar!
Roberto abrió, intentando contener al hombre exaltado.
—Amigo, ella no está aquí.
Thor empujó la puerta y entró sin miramientos.
—¡La están escondiendo! —gritó, recorriendo los rincones con los ojos encendidos—. ¡Celina! ¡Escúchame, por favor!
Tatiana bajó las escaleras con postura fir