La habitación estaba tomada por un silencio denso, apenas un eco apagado de ausencia. Thor se detuvo frente a la cama, donde una maleta abierta mostraba ropa doblada, zapatos cuidadosamente guardados en bolsas y algunos objetos personales dejados atrás como una despedida muda, denunciando el final de una historia.
Su mirada se detuvo en un vestido en particular, y el pecho se le oprimió.
No era cualquier vestido.
Era ese vestido. El mismo que Celina había usado la noche en que el destino, entre