El silencio de la madrugada comenzaba a instalarse como un manto espeso sobre la casa. El cielo oscuro afuera parecía reflejar el estado de ánimo de Celina, que regresaba al cuarto con el corazón pesado después de hablar con doña Sara en la cocina. Las palabras dulces de la mujer mayor aún resonaban en su mente, pero se desvanecieron en el instante en que abrió la puerta y encontró a Thor agitado en la cama.
Se revolvía entre las sábanas, el cuerpo sacudido por una fiebre intensa. El sudor resb