Tatiana guardó silencio unos instantes después de que Celina terminara de desahogarse. Había tantas emociones mezcladas allí —dolor, miedo, arrepentimiento, rabia y, sobre todo, amor. Observó a su amiga frente a ella: tan fuerte y tan herida al mismo tiempo. Respiró hondo, dio un sorbo a su jugo y dejó la copa sobre la mesa con delicadeza antes de hablar con firmeza, pero con ternura.
—Amiga… sé que tienes miedo, que te sientes sola y perdida en medio de este torbellino. Y Gabriel, mira, ha sid