Zoe abrió los ojos de par en par y estalló en carcajadas.
—¡Dios mío! ¡Me hubiera encantado ver la cara del jefecito en ese momento! ¿Te imaginas al guapetón doblado, contorsionándose como en una telenovela mexicana?
Celina rió a carcajadas, con ganas. Era la primera risa genuina de la noche. Zoe, entre risas, añadió:
—Amiga, voy a estar contigo hasta el final. Yo no entré en aquel baño ese día por casualidad. El destino ya había escrito nuestro encuentro. Nuestra amistad. No estás sola. Me tie