—Llegamos, señorita. Mire la cantidad de reporteros en la puerta de la casa. Voy a acercarme a ver si nos dejan ingresar con el auto y así no debe atravesar esa odisea.
—Sí, por favor, haga lo posible.
El señor llega a un portón, toca el intercomunicador, habla con una persona y luego viene hacia mí.
—Señorita, preguntan quién es usted para dejarla ingresar.
—Dígale que soy Antonella Fernández, una socia de Argentina. Yo distribuyo sus vinos en mis restaurantes.
El señor va y habla otra vez, lu