Llegó el gran día. Hoy, por fin, mi hermosa argentina se convierte en mi esposa.
Han pasado dos días desde la última vez que la vi; las mujeres de la familia la secuestraron para sus rituales prebodas y la tienen hospedada en casa de mi madre. No he dejado de pensar en ella ni un solo segundo. La casa se siente vacía, sin su risa, sin su voz, sin ese aroma dulce que deja cada vez que pasa.
Estoy en casa, vistiéndome junto a mi padre, mis hermanos y mis sobrinos. Todos bromean para intentar calm