El timbre sonó dos veces, Luz caminó con cautela a abrir la puerta, al ver que era Arthur se relajó. Arthur entró con paso medido y una caja llena de sushi colgando de la mano. Traía el abrigo algo arrugado y un rastro de humo y gasolina pegado a la ropa; se notaba que no había pasado la noche en un restaurante. Cristian esbozó una sonrisa torcida desde el sofá, como si el mundo siguiera siendo su escenario de ironías.
—Hola hermano, ¿fuiste por sushi para mí? Aaww, si me quieres —molestó Cris