El silencio entre Luz y Cristian era tan profundo que se podía oír el latido de ambos.
Luz aún sostenía la mano de Cristian, su frente apoyada contra la de él, respirando despacio, intentando memorizar el momento.
Sus dedos se entrelazaron con más fuerza.
Él sonrió apenas, con la voz ronca.
—Si sigues tan cerca, voy a olvidarme de que tengo puntos, muñeca…
Luz soltó una risita nerviosa y se apartó solo un poco, pero no lo suficiente para que él la soltara.
—Entonces quédate quieto, no seas porf