Mundo ficciónIniciar sesiónJoaquín estaba sentado en el catre, con los codos apoyados sobre las rodillas y la mirada clavada en el suelo húmedo de la celda. El silencio era tan pesado que cada gota de agua que caía de la cañería oxidada resonaba como un reloj macabro, marcando los segundos de cautiverio. Había aprendido a convivir con ese silencio, a calcular cada respiración, a observar cada sombra que se movía detrás de la rendija de la puer







