Cristian y Arthur al rescate.
Cristian sacudió el arma que llevaba colgada en el hombro y, con un gesto rápido, se la entregó a Joaquín.
—Toma, hermano, sé que la extrañabas.
El metal frío se sintió como un viejo amigo en las manos de Joaquín. Revisó el cargador con un movimiento automático y alzó la vista hacia Lucía. Ella estaba de pie, con la respiración agitada, los mechones enredados. El corazón de Joaquín golpeó con fuerza al verla así, tan vulnerable y a la vez tan fiera.
Se acercó a ella, imponiéndose con su altura,