El sol de la mañana caía sobre los jardines del orfanato cuando Cristian detuvo el auto frente a la entrada. Luz respiró hondo, un poco nerviosa, pero emocionada, él se bajó y rodeó el auto para ayudar a bajar a Luz.
Cristian le tomó la mano y la miró con esa sonrisa suya que siempre lograba calmarla.
—Bueno, muñeca… sé que será un maravilloso primer día. Eres increíble, eres mi Luz. Lo harás perfecto.
Se inclinó y la besó suavemente.
—Yo iré por algo y volveré. Te amo, muñeca.
—Yo tambien te a