Anna subía las escaleras con paso lento, su mente todavía revuelta después de la noche anterior, había salido a tomar aire, necesitaba despejarse. De pronto, se detuvo en seco: desde la habitación de Lissandro, vio salir a Luz con el rostro desencajado y los ojos brillantes de lágrimas. Caminaba rápido, con la cabeza gacha, como si huyera de algo.
El corazón de Anna dio un vuelco. Sin pensarlo, avanzó hasta la puerta y golpeó suavemente.
La puerta se abrió de golpe.
—Te dije que no quería verte