—¡Ese maldito perro infeliz de Xander volvió a arruinarte la vida, Agatha! —rugió Lucciano, golpeando el escritorio con fuerza— ¡Pero cómo MlERDA no le dices a San Marco que tú también lo amas! Cuando el otro idiota lo unico que ha hecho es adorarte.
Agatha levantó la vista, con los ojos aún rojos de tanto llorar.
—Sé que estás traumada —continuó él, caminando de un lado a otro como un león enjaulado—, pero ¡¿cómo no le dices la verdad?! ¡Ahora el otro idiota anda destruyéndose solo porque piensa que tú amas a ese perro bastardo!
Agatha apenas susurró:
—Quizás es lo mejor, Lucciano… Estoy demasiado rota para tener a una persona como Leandro a mi lado.
Lucciano se detuvo en seco, girando hacia ella con el ceño fruncido.
—¿Una persona como Leandro? ¿A qué te refieres, ah? ¿A un psicópata violento, narcisista y manipulador? —Su voz era pura ironía— ¡Porque si es eso, déjame decirte que tú estás igual de loca que él!
Agatha lo miró con sorpresa, herida por sus palabras, pero Lucciano no s