El regreso a la ciudad había sido silencioso. Anna miraba por la ventanilla, aún con la dulzura de la montaña en el recuerdo, había tenido el mejor fin de semana de su vida, además de llevar el anillo de compromiso que le regaló Lissandro, sin duda Lu lo iba a amar.
Cuando llegaron a su departamento, Lissandro bajó primero las maletas. Anna iba a tomar las llaves, pero un hombre de traje oscuro ya los esperaba en la puerta. Su porte sobrio lo delataba: era alguien que no estaba allí por casualid