El infierno en la isla.
La noche rugía en la isla.
El cielo estaba encendido por las explosiones, y el humo cubría los jardines como un manto de guerra.
En la zona sur, los hombres de Bastien irrumpieron con brutal precisión.
Sus armas automáticas iluminaban la oscuridad con ráfagas de fuego.
Cada guardia que intentaba reaccionar caía antes de alcanzar el gatillo.
El aire olía a pólvora, sangre y venganza.
—¡Avancen, nadie queda vivo! —gritó uno de ellos mientras las balas atravesaban las columnas de piedra.
El cao