El infierno en la isla.
La noche rugía en la isla.
El cielo estaba encendido por las explosiones, y el humo cubría los jardines como un manto de guerra.
En la zona sur, los hombres de Bastien irrumpieron con brutal precisión.
Sus armas automáticas iluminaban la oscuridad con ráfagas de fuego.
Cada guardia que intentaba reaccionar caía antes de alcanzar el gatillo.
El aire olía a pólvora, sangre y venganza.
—¡Avancen, nadie queda vivo! —gritó uno de ellos mientras las balas atravesaban las columnas de piedra.
El caos reinaba.
Los gritos de los hombres de Renzo se mezclaban con el rugido de los motores y el crujir de las llamas.
Eran señuelos.
Un infierno planificado para distraer a todos mientras Lissandro San Marco avanzaba solo hacia el corazón de la mansión.
Dentro, Anna escuchaba el estruendo de los disparos y el temblor de las paredes.
Su corazón latía tan rápido que dolía.
Apretaba las cadenas, tratando de liberarse, sabía que Lissandro estaba por ahi en algún lugar.
La puerta se abrió de golpe.