Luz cerró la puerta del departamento con un golpe seco que resonó en el pequeño recibidor. Quitarse los tacones fue casi un acto de liberación; dejó los zapatos clavados en el piso y, con la punta de los dedos aún hormigueando, prendió la luz del living. La lámpara arrojó un cuadrado cálido sobre la alfombra y fue entonces cuando lo vio: un hombre sentado en el sofá, impasible, mirándola como si le leyera el alma.
—Señor —dijo ella, incapaz de disimular la sorpresa—. No esperaba encontrarlo aqu