Anna y Lucía estaban en la cafetería terminando sus cafés cuando se levantaron para irse. Anna iba a sacar el teléfono para llamar a Lissandro y proponerle almorzar juntos, pero en ese momento, el rugido de un motor familiar la hizo mirar por la ventana. El corazón le dio un brinco al ver estacionarse el auto negro. Una sonrisa ilusionada se le escapó… hasta que vio la puerta abrirse y descender una mujer rubia, alta, de porte elegante, con un vestido que resaltaba su figura.
El alma se le heló