El aroma del risotto con champiñones y el pollo al vino blanco llenaba todo el departamento de Anna. Lucía saboreaba cada bocado con los ojos cerrados, mientras Lissandro servía vino como si fuera un ritual.
—Dios santo, Lissandro… —dijo Lucía llevándose la servilleta a los labios—. ¿En qué momento te convertiste en chef?
—Cuando mi princesa decidió que yo era el que debía cocinarle —contestó él con un guiño en dirección a Anna.
Ella rodó los ojos, aunque no pudo ocultar la sonrisa orgullosa. V