Joaquín estaba solo en el despacho auxiliar de los San Marco. Tres pantallas encendidas, cuatro celulares activos y un café olvidado a medio terminar sobre la mesa. Sus ojos repasaban listas bancarias, registros de personal, transferencias internacionales, y notas cruzadas.
No era la primera vez que lo hacía. Pero sí la primera vez que el objetivo no era proteger a Lissandro... sino vengar a Anna.
Tecleó un comando y los datos se actualizaron.
Una tabla de color rojo apareció.
Cinco nombres.
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