Joaquín detuvo el auto frente a la casa de Lucía. El motor se apagó, pero el silencio que quedó era más ruidoso que cualquier motor encendido. Bajó y abrió la puerta para dejarla en su casa como todo un caballero. Lu giró la manilla y sonrió por la noche maravillosa que habían tenido.
—Bueno, Lucy, esta noche fue hermosa. Lo pasé muy bien.
Le tomó la cintura con ambas manos, atrayéndola. Lucía no dudó en poner sus manos en el pecho de Joaquín.
—Yo también lo pasé muy bien, Joaquín.
Él sonrió, un