—¡Lancelot! —balbucea, llevándose una mano al pecho—. Yo… yo entré a limpiar y… se estaban cayendo los documentos, solo intentaba ordenarlos.
Lancelot avanza despacio, como un depredador acorralando a su presa. Sus ojos verdes no se apartan de ella.
—Ordenarlos? —repita, cargando la cabeza con desconfianza—. No sabía que limpiar significaba leer papeles confidenciales de la muerte del patrón.
Tina traga saliva, retrocede un paso, con las manos entrelazadas como si estuviera rezando.
—No mares t