Mientras tanto, días después en la casa Larousse, Xavier caminaba por la habitación de Dionisio con un vaso de whisky en la mano. Sus ojos negros miraban el cuerpo del hombre con deseo oscuro.
—Entonces… ¿solo querías poner celoso a ese rubio…? —preguntó, con una sonrisa torcida.
Dionisio estaba de pie frente al ventanal, mirando la luna sin responder.
—Mírame cuando te hablo, Dionisio… —dijo Xavier, acercándose y tomando su barbilla con fuerza—. ¿Por qué no me dices qué planeas conmigo…?
Dioni