Ariel no respondió y Camelia no se atrevió a volver a preguntar. Sin mediar palabra, se vistió apresuradamente y subió al auto que él conducía a gran velocidad. Ariel se detuvo al frente del edificio donde vivía Camelia.
—Es mi padre —dijo Ariel cuando Camelia se fue a bajar del automóvil. — Está muy enfermo y lo han llevado al hospital.
Fue entonces cuando ella comprendió su rostro asustado, aunque no entendía por qué le daba tantas explicaciones. Al fin y al cabo, su relación se limitaba a