472. COMPLETA FELICIDAD
Camelia, todavía en su pose teatralmente desmayada, abrió un ojo y miró a Ariel con una sonrisa pícara.
—¿Favores, dice usted?— replicó con fingida sorpresa. —Pero señor, ¿no sabe que los favores de San Valentín se pagan con besos y promesas de amor eterno?
Ariel se inclinó sobre ella, su rostro ahora cercano al de Camelia, su aliento mezclándose con el aroma del chocolate y la emoción del momento.
—Entonces, señorita— susurró con una voz que simulaba gravedad, pero que no podía ocultar la