Seraphina estaba acurrucada frente al escritorio en el apartamento de Chloe, con la espalda encorvada por el cansancio.
La punta de su lápiz trazaba líneas fluidas sobre el papel, bocetando lo que sería el inicio de su propia marca; sobre la mesa se amontonaban los planes de preparación para su nuevo estudio, detallando desde el posicionamiento del diseño hasta la conexión con la cadena de suministro.
Levantó la mano para frotarse la muñeca, que le dolía tras horas de trabajo ininterrumpido.
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