Las inmensas bóvedas de cristal del Gran Pabellón Internacional reflejaban los destellos de una constelación de flashes que estallaban con la regularidad de una tormenta eléctrica.
El aire, saturado de una expectación que rozaba la parálisis colectiva, vibraba con los murmullos en francés.
Inglés y español de los peritos de la Fédération Internationale de la Haute Joaillerie de París, los analistas de riesgo de Wall Street y el bloque de inversores del norte.
La alta sociedad fiduciaria se habí