El amanecer del viernes tiñó el horizonte del distrito financiero con una luz grisácea y fría, filtrándose a través de la persistente niebla invernal.
Faltaban apenas cinco horas para la cita definitiva en el Juzgado Tercero de Familia, y la Torre Blackwood operaba bajo una calma artificial que amenazaba con estallar ante el menor chispazo.
En el ala norte del triplex, los baúles de aluminio de Tiempo Recobrado permanecían alineados junto a la salida, blindados por los sellos internacionales d