El mediodía del viernes cayó sobre el distrito financiero con la contundencia de un veredicto inapelable. Las doce en punto.
El plazo fatal de las noventa horas del contrato de convivencia fingida había expirado, y el cronómetro del Juzgado Tercero de Familia alcanzaba su hora cero.
La tregua doméstica en el triplex se había disuelto en los pasillos estériles del Hospital Central del Norte.
Transformando la antesala de la suite presidencial del patriarca Magnus en el escenario definitivo de la