La luz de la mañana parisina entró gris y afilada por los ventanales de la dirección de aduanas de los muelles de carga, un complejo de hormigón y hierro que custodiaba las terminales de importación industrial en la periferia de la capital.
El aire olía a gasoil, a lluvia estancada y al frío metálico de los contenedores transatlánticos que esperaban la inspección de los peritos arancelarios.
El distrito de diseño de París podía ser todo sofisticación, pero sus hilos se tejían allí, entre las gr