El descenso sobre el continente europeo comenzó con un gemido sordo en los alerones del jet.
Al abandonar la altitud crucero e internarse en la escasez de luz del invierno transatlántico, la nave se sumergió en una muralla de cúmulos de tormenta que se extendía sobre la cordillera de los Alpes.
Una turbulencia menor, pero rítmica y cortante, sacudió la estructura de aleación ligera.
En la penumbra de la cabina, el balanceo acentuó la vulnerabilidad física de los cuerpos aislados del mundo fiduc