La sucursal secundaria del Grupo Blackwood en París ocupaba los últimos tres pisos de un edificio de estructura de acero y muros cortina de cristal en el Distrito Ocho, una mole de arquitectura corporativa que dominaba el curso gris del río Sena.
El aire en la oficina presidencial estaba saturado por el zumbido técnico de los servidores de datos y el siseo amortiguado del sistema de climatización.
La neblina del invierno parisino lamía los cristales exteriores, reduciendo la vista del muelle a