El repicar de las copas de Baccarat y el eco de los violines del Salón de los Espejos comenzaron a desvanecerse a medida que Seraphina Sinclair se internaba en los corredores secundarios del Hotel Ritz.
Aprovechando el receso técnico decretado por los peritos de la Federación para verificar los balances de las firmas competidoras, se había retirado hacia el área de las oficinas auxiliares.
El pasillo por el que avanzaba era una galería de opulencia silenciosa: alfombras rojas de felpa densa que