60. MARIANA - ZORAIDA
MARIANA - ZORAIDA
Matarla.
Matarla.
Matarla.
Cada noche sueño con ello, y cada vez que me miro al espejo —o que respiro— imagino nuevas formas, cada vez más crueles, de arrancarle la vida. Todo es su culpa. Esa maldita vieja. Solo pudo ser ella.
El fuego debió extinguir su vida, pero cuando entró en contacto con su piel, las llamas se transformaron mientras ondeaban de manera impresionante, el dorado se volvió rojo sangre y no quemó su piel. Era una escena impresionante, amenazante.
Entonces lo