21. INTIMIDAD FORZADA: CATALINA Y MARCUS
—No quiero que me toques —murmuro apenas cruzamos el umbral de la habitación.
Su respuesta es una risa seca, tan cruel como el filo de una daga bien afilada.
—¿Crees qué deseo tocarte? Tampoco esto es un deleite para mí, pero la orden ha sido dada... y se cumplirá.
Comienza a desabotonar su camisa con una lentitud irritante, mientras el cinturón cae con un chasquido grave. Sin querer, mis ojos se deslizan hacia su entrepierna. Está parcialmente erecto. ¿Cómo es posible? ¿Esta grotesca situación