El sol se alzaba apenas por el horizonte, cubierto por un velo opaco de nubes. En aquella tierra olvidada por la magia, cada paso se sentía más pesado, no por el terreno… sino por la desconexión. No había viento, ni canto de criaturas. Todo parecía suspendido, como si el mismo mundo contuviera el aliento.
Adelia caminaba al frente del grupo. Su capa manchada de sangre seca ondeaba levemente, y sus ojos brillaban con una determinación forjada a golpes de dolor y fuego. A su lado, Kal mantenía el