La luna llena se alzaba como un centinela mudo sobre Aster. En el claro junto al río congelado, la nieve crujía bajo los pasos de Adelia mientras examinaba los antiguos símbolos grabados en las piedras negras. Eran nuevos, y eso era lo inquietante. Nadie en la aldea se atrevía a grabar con runas prohibidas. Nadie... salvo un traidor.
—¿Estás segura de que son recientes? —preguntó Ethan, revisando el contorno de uno de los grabados con la punta de su espada.
—Lo están. La magia aún vibra. Y no e