La marcha hacia las Montañas Susurrantes comenzó al día siguiente. El terreno cambió rápidamente. El bosque fue dando paso a colinas cubiertas de neblina y valles donde el viento cantaba en lenguas antiguas.
En uno de esos valles, se encontraron con un grupo de centinelas del aire: guerreros alados que juraron lealtad a los antiguos guardianes.
—Hemos sentido el despertar del sello —explicó su líder, una mujer de alas plateadas—. Y venimos a ofrecer nuestra ayuda.
Así, el grupo creció. Nuevas a