La mañana siguiente trajo un cielo gris, cubierto por nubes cargadas de luvia, pero no era el clima lo que pesaba en el aire. Algo más profundo vibraba en la tierra: una advertencia, una anticipación de lo que estaba por venir.
Adelia se despertó envuelta en una manta de piel gruesa. Cerca de la fogata apagada, los lobos de la manada Escarcha de Sangre ya estaban en pie, en su forma humana, revisando armas, hablando en voz baja. Kal se mantenía aparte, observando el horizonte. Su porte era el de